Cómo relacionarse con un gato

30 de Septiembre de 2015

Es muy importante saber dónde tocar un gato y cuándo alejarte puede ayudar a garantizar un contacto que ambos disfruten: tu gato y tú.


Mimar a un gato puede parecer sencillo, pero para las personas que no han pasado mucho tiempo cerca de uno, es importante saber lo que debes hacer y lo que no para acercarte y tocar a tu felino. Los especialistas sugieren dejar que suceda según las preferencias del gato: busca el permiso para tocarlo y deja que tenga el control de la interacción.



DEJA QUE VAYA A TI


Permite  que tu  gato te olfatee antes de acariciarlo para que pueda sentirse cómodo contigo. Extiende una mano o un dedo y dale una oportunidad para tocar su nariz.


Si no demuestra interés en tu mano o simplemente la mira de manera sospechosa, evita acariciarlo. Trata de hacerlo en otro momento cuando el gato pueda estar de humor.


Sin embargo, si el gato te olfatea la mano y luego frota la barbilla o el lado de su cabeza contra ella, o incluso la parte lateral de su cuerpo, lo más probable es que esté dispuesto a dejarse tocar. Abre la palma de la mano y toca su cuerpo con suavidad.


Espera a que el gato choque su cabeza contra ti. Cuando un gato golpea su cabeza en tu mano, significa que quiere tu atención. Si estás ocupado en ese momento, por lo menos acarícialo una o dos veces para hacerle saber que no lo estas ignorando.


Acaricia al gato una vez salta sobre tu regazo y se recuesta. Observa si se mueve con nerviosismo. Si lo hace, podría deberse a que quiere recostarse y relajarse, pues los seres humanos son una gran fuente de calor corporal. Si no se mueve, puedes seguir acariciando su columna o en los lugares que se describe más adelante.


Acaricia a un gato cuando esté de costado. A los gatos les encanta que los acaricien cuando están recostados sobre un lado. Toca ligeramente el lado que apunta hacia arriba. Si maúlla o ronronea, podría significar que lo disfruta.



LAS SEÑALES 


Permite que tu gato ronronee. El ronroneo es una forma en la que un gato indica que se siente sociable y que quiere atención. Si se acompaña de golpes en la cadera, de tobillos o de cabeza, significa que el gato quiere que lo acaricies en ese momento. A veces, una caricia es todo lo que un gato quiere, como un apretón de manos o un saludo en lugar de un abrazo largo o una sesión de arrumacos.


El ruido del ronroneo de un gato indica su nivel de felicidad. Mientras más fuerte sea el ronroneo, más feliz está tul gato. Un ronroneo suave significa que está contento mientras que uno fuerte indica que está muy feliz.


Debes observar las señales que indiquen que el gato no quiere que lo sigan acariciando:


– Las orejas de tu gato están aplastadas contra su cabeza


– La cola crispada


– Movimientos inquietos


– Gruñidos o siseos



DONDE ACARICIAR


Comienza con unas caricias suaves en la barbilla.




Enfócate en el área entre o detrás de las orejas.


Pasa suavemente el dorso de tu mano en el lado de su rostro. Mientras rodeas todo su rostro y acaricias la parte superior de la cabeza con el pulgar. El gato es tuyo.Roza sus mejillas detrás de los bigotes. Si al gato le gusta, podría girar los bigotes hacia adelante, como una señal de querer más.


Acaricia al gato desde la frente hasta la cola. Aplica una presión suave y realiza movimientos continuos y lentos. No les gusta las caricias de atrás hacia adelante.


A EVITAR


- No toques su cola ni muevas tu mano a lo largo de su costado.


- Se debe evitar tocar el abdomen. Cuando los gatos están relajados, podrían girar sobre su espalda y exponer su vientre.  Sin embargo, no lo tomes como una invitación a tocarle el vientre, pues a muchos gatos no les gusta en lo absoluto.


- Si un gato te agarra con las patas, quédate quieto y deja que te suelte. Si es necesario, estira tu otra mano y retira la pata suavemente para desenganchar sus garras.


- Tócale las patas con mucho cuidado.



Acariciar a un gato puede liberar hormonas relajantes que reduzcan tu estrés, disminuir tu presión arterial y reducir tus probabilidades de sufrir de un ataque cardiaco o un derrame cerebral.